Bocas del Toro: caribe panameño pasado por agua

Del Pacífico al Atlántico y tiro porque me toca, mi siguiente destino me llevó a cruzar Panamá de Oeste a Este para conocer el famoso archipiélago de Bocas del Toro.

Vegetación y Caribe en Cayo Zapatilla, Bocas del Toro, Panamá

Cayo Zapatilla, Bocas del Toro, Panamá

A pesar de la corta distancia que separa las costas panameñas, llegar desde Santa Catalina hasta estas islas en el mar Caribe supuso todo agotador un día de viaje, que se hizo un poco más ameno con la compañía de Alex, con el que llevada compartiendo aventuras unos días. Al cansancio hubo que añadir el cambio radical en el tiempo, pues después de los soleados días en el Pacífico, el Atlántico nos recibió con nubes y tormentas diarias.

Por otro lado, debo estar volviéndome loca porque dos destinos playeros seguidos es un nuevo récord personal. Tanto viajar puede que me esté empezando a afectar, aunque creo que la culpable fue la maravillosa experiencia buceando en el Parque Nacional Coiba.

El archipiélago de Bocas del Toro es una de las zonas más turísticas de Panamá y su capital, situada en la isla más grande, está llena de alojamientos de todo tipo, restaurantes y bares. A pesar de ello, la ciudad ha sabido mantener su espíritu relajado y sus casas tradicionales de madera, demostrando infundados mis temores de que se tratase de una especie de Benidorm caribeño.

Casa de madera en Bocas del Toro, Panamá

Casa en Bocas del Toro, Panamá

A pesar del mal tiempo, Alex y yo intentamos aprovechar al máximo lo que las islas ofrecen. Así, el primer día alquilamos unas bicis para ir a la Boca del Drago, una playa situada en el extremo opuesto de la isla y famosa por sus estrellas de mar. Como suele ser habitual por estos lares cuando pides información detallada para planificar tu excursión, nos dijeron lo que queríamos oír -es decir, que estaba relativamente cerca y que no había ninguna cuesta-, con lo que los 15 kilómetros hasta allá se nos hicieron infinitos mientras subíamos y bajábamos colinas.

Boca del Drago, Bocas del Toro, Panamá

Boca del Drago, Bocas del Toro, Panamá

A mitad de camino hicimos una parada para visitar una cueva convertida en santuario -y, ¿para qué negarlo? Darnos un descanso-. Entre unas cosas y otras tardamos casi un par de horas en llegar hasta Boca del Drago. Estábamos realmente cansados de pedalear con esas bicicletas que pesaban una tonelada y no tenían cambios para hacer más fácil las subidas, así que nos alegramos cuando por fin las dejamos atadas y nos pusimos a explorar el lugar a pie.

Palmeras en Boca del Drago, Bocas del Toro, Panamá

Palmeras en Boca del Drago, Bocas del Toro, Panamá

Por desgracia, el agua estaba bastante turbia por el mal tiempo, así que, después de mucho buscar y bucear, sólo pudimos ver un puñado de sus afamadas estrellas de mar. Aún así, pasamos el resto del día en esta parte de la isla, tomando fuerzas para el regreso, mientras pensábamos seriamente en volver en autobús. Sin embargo, el espíritu deportista ganó esta batalla y volvimos pedaleando -bueno, casi todo el tiempo-.

Anochecer en Bocas del Toro, Panamá

Anochecer en Bocas del Toro, Panamá

Para compensar el decepcionante día de excursión, esa tarde celebramos un re-encuentro por todo lo alto. Charlotte y Franck, mis compañeros de aventuras en Colombia -os acordaréis de ellos en Tierradentro y Salento-, acababan de llegar a la isla. El mundo mochilero es realmente pequeño (al final todo el mundo va a los mismos sitios), pero no por ello deja de hacerte ilusión coincidir con gente con la que has compartido momentos inolvidables.

Al día siguiente fuimos todos juntos en un tour organizado a otra parte del archipiélago. Primero nos llevaron hasta la denominada laguna de los delfines, aunque no tuvimos suerte y no logramos avistar a ninguno de estos mamíferos marinos. Sin embargo, en el camino rescatamos un cormorán que tenía un ala herida y estaba a punto de ahogarse en la laguna. En el fondo, no sé si este rescate lo único que hizo fue prolongar la agonía del pájaro porque lo dejamos posado en la rama de un manglar y, con el ala rota, no creo que sobreviviera mucho tiempo.

Tormenta en Cayo Zapatilla, Bocas del Toro, Panamá

Tormenta en Cayo Zapatilla, Bocas del Toro, Panamá

Después hicimos snorkel en una zona donde el agua estaba congelada, lo que me impidió disfrutar como me hubiera gustado de los corales de todos los colores y formas imaginables que inundaban el lugar. Sólo duré en el agua una media hora, al cabo de la cual regresé al bote con los labios morados y tiritando de frío y allí esperé al resto del pasaje mientras intentaba entrar en calor. ¿Qué le había pasado al Caribe? La última vez que me metí en sus aguas -en el archipiélago de San Blas-, estaban bien templadas, como a mí me gusta.

La siguiente parada en el tour del día fue en la más pequeña de las dos islas que componen los denominados Cayos Zapatillas. Se trata de una isla desierta de arena blanquísima y aguas color turquesa, protegida por ser lugar de desove de tortugas marinas (aunque en ese momento no había ninguna). En esta playa comimos y nos relajamos el resto de la tarde, mientras un nubarrón negro se acercaba amenazante. Por fortuna, la lluvia esperó hasta que estuvimos a salvo bajo el toldo del bote para empezar a caer.    

Nubes en Cayo Zapatilla, Bocas del Toro, Panamá

Nubes en Cayo Zapatilla, Bocas del Toro, Panamá

Por último, la vuelta a nuestra isla fue más lenta de lo esperado, ya que nuestro bote se quedó sin gasolina cuando estábamos a escasos 800 metros del embarcadero (estas cosas que sólo pasan en el Caribe). Ya pensábamos que tendríamos que regresar a nado cuando un bote amigo se ofreció a ir a la gasolinera más cercana a buscarnos combustible. Así que afortunadamente sólo estuvimos unos minutos a la deriva antes de recargar el depósito y llegar a tierra firme.

Muelle en Bocas del Toro, Panamá

Muelle en Bocas del Toro, Panamá

No puedo decir que Bocas del Toro haya sido mi lugar favorito de Panamá. Puede ser que el mal tiempo haya tenido algo que ver en mi apreciación del archipiélago porque es indudable que el lugar cuenta con algunos sitios espectaculares, como los Cayos Zapatillas. Pero claro, entre nubes y tormentas resulta complicado disfrutar de playas e islas, que es lo único que tiene que ofrecer Bocas. Aún así, no me arrepentí en absoluto de venir hasta aquí para conocer de primera mano este centro turístico panameño.

Y así terminaron mis aventuras en Panamá, un pequeño país con un poco de todo, desde playas paradisíacas a impresionantes volcanes rozando las nubes, pasando por una moderna ciudad y una obra de ingeniería mundialmente famosa. Al día siguiente llegaría a Costa Rica, donde me esperaba una desagradable sorpresa

Más fotos

Muchas más fotos del archipiélago de Bocas del Toro en esta presentación, o en su álbum online:

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *