Estambul: fascinante mezcla de oriente y occidente

Después de unos interesantes días en la costa oeste de Anatolia, visitando lugares tan diversos como Bursa e Iznik, llegó el momento de poner rumbo a la caótica y, a la vez, fascinante ciudad de Estambul.

Cuerno de Oro, Estambul, Turquía

Cuerno de Oro, Estambul, Turquía

De esta manera, volvimos a cargar hasta arriba el pequeño utilitario de Basak y cogimos un ferry que nos llevó directamente y en apenas 2 horas al centro de Estambul. Para no perder la costumbre, la familia de nuestra amiga nos acogió en su pequeño apartamento junto a las antiguas murallas de la ciudad.

Sevil y Rafet, los tíos de Basak, fueron unos anfitriones inmejorables durante la semana que pasamos allí y, además de poner un techo sobre nuestras cabezas, nos enseñaron algunos lugares que nunca habríamos podido descubrir por nuestra cuenta. Esta es mi tercera visita a Estambul, por lo que los sitios turísticos los tengo más que vistos, así que resultó refrescante conocer nuevos lugares y ver de cerca cómo es la vida en un barrio cualquiera de la ciudad. Resultó ser casi como un pueblo, donde todo el mundo se conoce y los niños juegan al aire libre en las pequeñas calles secundarias.

Puente Galata y Nueva Mezquita, Estambul, Turquía

Puente Gálata y Nueva Mezquita, Estambul, Turquía

Al par de días de nuestra llegada, Basak y los niños regresaron a Izmit (hay gente que trabaja y tiene vacaciones limitadas). Aunque me dio pena despedirnos -no sé cuándo volveremos a vernos-, la verdad es que necesitaba un descanso de los niños, que después de más de 2 semanas de convivencia estaban empezando a volverme loca. Por su parte, Anita tenía un congreso de economía en la ciudad, así que gran parte del tiempo me dediqué a explorar Estambul con tranquilidad por mi cuenta.

Interior de la mezquita de Suleyman, Estambul, Turquía

Interior de la mezquita de Suleyman, Estambul, Turquía

En todo caso, Estambul cuenta con tantas atracciones que resulta complicado resumirlas en un único post. Además, creo que mis palabras y fotos nunca harán justicia a los increíbles lugares de esta ciudad enlace entre Oriente y Occidente, así que os recomiendo que vengáis a verlas con vuestros propios ojos.

Mezquita Azul

El que probablemente sea uno de los símbolos más reconocibles de Estambul, la mezquita levantada por el sultán Ahmed I en el siglo XVII, resulta más impresionante por fuera que por dentro. Se trata de un ejemplo clásico de mezquita otomana, que combina elementos bizantinos (las cúpulas, por ejemplo) con la arquitectura islámica de minaretes y azulejos.

Mezquita Azul, Estambul, Turquía

Mezquita Azul, Estambul, Turquía

Esa mañana había tantos turistas allí (bueno, y en el resto de la ciudad) que la cola para entrar a la mezquita Azul daba la vuelta al patio central. Parece que todo el mundo quería disfrutar de una de las pocas atracciones turísticas gratuitas de Estambul. De esa manera, enviamos a Anita por la puerta de los creyentes (debe ser una de las pocas ventajas de ser musulmana) y el resto nos quedamos fuera esperando.

Santa Sofía

Para mi gusto la construcción más impresionante de Estambul es el templo de Aya Sofía, Hagia Sofía o Santa Sofía, antigua basílica del imperio bizantino convertida en mezquita con la conquista de la ciudad por parte de los otomanos. En la actualidad es un museo que nadie que visite la ciudad debería perderse.

Santa Sofía, Estambul, Turquía

Santa Sofía, Estambul, Turquía

Al contrario de lo que ocurre con la mezquita Azul, Santa Sofía no da la impresión de ser gran cosa desde fuera, pero su interior es realmente espectacular. El inmenso espacio de la nave central, con una altura de 55 metros sobrecoge al visitante, pero no es su único atractivo. La antigua iglesia todavía conserva mosaicos bizantinos con algún milenio a sus espaldas, además de bóvedas y capiteles exquisitamente decorados.

Mosaico en Santa Sofía, Estambul, Turquía

Mosaico en Santa Sofía, Estambul, Turquía

Paseando por sus galerías entiendes que los conquistadores otomanos decidieran convertir el templo en su mezquita de referencia, ya que resulta complicado imaginar -y, mucho menos, construir- un edificio más espectacular.

Palacio de Topkapi

El tercero de los monumentos de imprescindible visita en Estambul es el palacio de Topkapi, antigua residencia de los emperadores otomanos cuya construcción comenzó en el año 1.459, poco después de la conquista de la ciudad. Este extenso espacio está formado por varios jardines y diferentes edificios, cada uno con su función dentro de la vida palaciega, siguiendo la tradición arquitectónica turca.

Jardines del palacio de Topkapi, Estambul, Turquía

Jardines del palacio de Topkapi, Estambul, Turquía

El complejo más decorado del palacio son las estancias dedicadas al harén, es decir, a las mujeres que el sultán tomaba como esposas, a los eunucos que las cuidaban y a la madre del sultán, que era como la madame de este gran puticlub privado. En este complejo prácticamente todas las estancias están cubiertas con preciosos azulejos de Iznik y algunas de ellas hasta cuentan con fuentes de mármol en su interior.

Harén en el palacio de Topkapi, Estambul, Turquía

Harén en el palacio de Topkapi, Estambul, Turquía

Hace falta tiempo y mucha paciencia para explorar todo el palacio, especialmente si está a rebosar de turistas, como fue el caso (nunca había visto tanta gente en Estambul como este año). Sin embargo, el esfuerzo merece la pena y, además, no hay mejor lugar para descansar con vistas al Cuerno de Oro y el Bósforo.

Mercados de Estambul

Estambul está lleno de mercados -grandes y pequeños, al aire libre y cubiertos, de baratijas y de joyas- donde la gente local se mezcla con los turistas en busca de buenos precios. Me da la sensación que ir de compras es uno de los pasatiempos favoritos de los turcos, así que hay opciones para dar y tomar. Aunque, por supuesto, el mercado más famoso es el Gran Bazar, en el que es posible perderse durante horas entre tiendas y tiendas con los artículos más diversos. En esta ocasión, mis acompañantes tuvieron piedad de mí y sólo pasamos en torno a una hora en este lugar en el que no entra la luz del sol y los sentidos están sobreestimulados.

Gran Bazar, Estambul, Turquía

Gran Bazar, Estambul, Turquía

Otro de los mercados favoritos de los visitantes es el mercado egipcio, también conocido como el mercado de las especias. Aquí es posible comprar especias, hierbas aromáticas y frutos secos de todo tipo, además de las famosas delicias turcas en todas sus variedades. Se trata de un mercado extremadamente colorido, aunque las tiendas de sus 2 pasillos parecen tener todas exactamente la misma mercancía.

Especias en el mercado egipcio, Estambul, Turquía

Especias en el mercado egipcio, Estambul, Turquía

Otros sitios de interés

Como ya he comentado, Estambul está lleno de lugares que merece la pena explorar. En mi recorrido por la ciudad, utilicé todos los transportes públicos posibles, incluyendo los ferries que conectan la zona europea y la asiática y hasta un funicular, para descubrir algunos de los sitios que menciono a continuación. Primero, me di una vuelta por Ortakoy, uno de los barrios más animados de Estambul. Situado a orillas del Bósforo y con vistas a uno de los puentes que une Europa y Asia, se trata de un lugar de obligada visita para los turistas, que, además, pueden dejarse los cuartos en alguna de las numerosas tiendas de artesanía que abarrotan sus calles.

Ortakoy, Estambul, Turquía

Ortakoy, Estambul, Turquía

Otro día aproveché para hacer un tour en transporte público por el Cuerno de Oro, esa especie de ría que hace que el centro histórico de Estambul esté rodeado de agua. Me encantó recorrer lentamente esta parte de la ciudad en el ferry. Y al final de la línea, utilicé el funicular para llegar hasta Pierre Loti, un mirador inmejorable del Cuerno y los barrios de los alrededores.

Cuerno de Oro desde Pierre Loti, Estambul, Turquía

Cuerno de Oro desde Pierre Loti, Estambul, Turquía

Dediqué otra de las mañanas a caminar desde nuestro alojamiento hasta el centro de la ciudad, paseando por unos barrios menos conocidos en los que no encontré nada digno de ser visitado. Los edificios eran realmente feos y sus habitantes me miraban un tanto extrañados por mi presencia. Después de esta decepcionante aventura, opté por volver a los lugares turísticos y al día siguiente fui a otra de las mezquitas de referencia de Estambul. Situada en lo alto de una colina, el complejo construido por Suleyman el Magnífico destaca en la panorámica de la ciudad y consta de la mezquita más grande de Estambul, de un cementerio y mausoleo y de unos baños turcos construidos en el siglo XVI.

Mausoleo de Suleyman, Estambul, Turquía

Mausoleo de Suleyman, Estambul, Turquía

En realidad, la lista de sitios interesantes que visitar en Estambul es casi infinita y más que un post necesitaría un libro para enumerarlos todos. Además de los que ya he mencionado, otras atracciones que merecen la pena incluyen: la basílica cisterna, construida en época bizantina bajo la ciudad; el acueducto de Valente, que lleva más de 1.600 años sin inmutarse y ahora aguanta un tráfico intenso pasando por debajo suya; la torre Gálata, desde la que se puede disfrutar de unas vistas inmejorables del centro histórico de Estambul; las antiguas murallas de la ciudad, que no soportaron el asedio otomano, pero ahí siguen y ahora son testigos de los huertos (¿urbanos?) que crecen a sus pies; la plaza de Taksim y su adyacente calle Istiklal, la más europea de las calles de la ciudad, y ahora mismo centro de las protestas civiles contra el gobierno de corte islamista del primer ministro Erdogan. De hecho, sin saberlo, Anita y yo quedamos una tarde en la plaza y nos encontramos el lugar tomado por la policía, con los antidisturbios y un tanque de agua preparados para actuar frente a unos manifestantes cuyas únicas armas parecían ser banderas multicolores en favor de los derechos del colectivo LGTB. Yo me habría quedado a la manifestación -unas semanas fuera de Madrid y ya echaba de menos una buena protesta-, pero la verdad es que la policía turca acojonaba y decidimos salir de allí lo más rápido posible.

En resumen, Estambul es una ciudad extremadamente interesante, con un pasado tan extenso y convulso como la historia de esta región puente entre Asia y Europa. Desde su fundación en el año 660 a.C., la ciudad ha ido recogiendo el legado de griegos, persas, macedonios, celtas, romanos, bizantinos y otomanos. Desde luego, Estambul no deja indiferente a nadie, ya sea para bien -sus tesoros son indiscutibles- o para mal -el caos y el tráfico que generan sus 14 millones de habitantes pueden llegar a ser insoportables. Yo me quedo con lo bueno, aunque tengo que admitir que no me gustaría vivir aquí.

Después de una semana en la que se intercalaron visitas turísticas con planes más tranquilos, llegó el momento de abandonar Estambul y a mis amistades. Así que, cargué mi mochila y me dispuse a continuar mis aventuras mochileras en solitario en el vecino país de Bulgaria. Concretamente, me dirigí hasta Plovdiv, una auténtica desconocida para mí que me sorprendió desde el primer minuto…

Más fotos

Podéis disfrutar de más fotos de mi semana en Estambul en el siguiente álbum web.

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